Tijuana, Baja California, 20 de octubre de 2026. Tijuana registra un nivel de resiliencia urbana de 0.55 en una escala del 0 al 1, de acuerdo con un diagnóstico presentado por Luis Fernando González Vergara, presidente de la Asociación Nacional de Profesionales en Resiliencia en Baja California (ANPROGERI) y de la Sociedad de Urbanistas de la Zona Metropolitana de Tijuana (ZUZMT). Durante una sesión semanal de la ANPACBC Tijuana, el especialista señaló que, pese a la capacidad de respuesta inmediata de corporaciones como Bomberos y Protección Civil, la ciudad enfrenta deficiencias en infraestructura pluvial, recursos financieros para la prevención y planeación urbana, factores que incrementan la vulnerabilidad de la población ante fenómenos naturales.


González Vergara explicó que más del 80 por ciento de la red pluvial existente fue construida después de las lluvias extremas de 1993 y no ha recibido ampliaciones sustanciales acordes con el crecimiento de la ciudad. Advirtió también sobre los riesgos sísmicos, al señalar que un movimiento de magnitud 6.7 podría provocar licuefacción del suelo en zonas de Río Tijuana, daños estructurales y deslizamientos en laderas. A estos escenarios se suman los 58 puntos críticos de deslizamiento identificados en el Atlas de Riesgos, así como la posibilidad de inundaciones en Zona Río durante precipitaciones intensas. Colonias como Gabilondo y La Libertad también podrían registrar acumulaciones de agua cuando el caudal del río Tijuana dificulte la descarga de los colectores pluviales.
El especialista destacó que la falta de pavimentación y de infraestructura adecuada en sectores de la zona este puede complicar el acceso de unidades de emergencia y cuadrillas de servicios públicos durante contingencias. Ante este panorama, consideró necesario fortalecer la inversión preventiva, actualizar y aplicar los instrumentos de gestión de riesgos, además de mejorar la coordinación entre las instituciones responsables de atender emergencias. Asimismo, exhortó a las familias a establecer planes de reunión, rutas de evacuación y espacios seguros para resguardarse ante sismos, inundaciones o vientos fuertes. El diagnóstico subraya la importancia de pasar de una respuesta centrada en atender los daños después de cada incidente a una estrategia integral que priorice la prevención, la mitigación y la recuperación planificada.


