La economía circular sigue siendo un desafío estructural para la industria química en México. Aunque este sector representa el 7% del PIB manufacturero y emplea a más de 400 mil personas, también concentra el 20% de las emisiones industriales. Así lo plantearon expertos en el episodio 110 del Seminario Permanente para el Desarrollo Sustentable, organizado por el Centro de Innovación y Gestión Ambiental México A.C. (CIGAMX).
Durante la sesión, el Mtro. Alfonso Flores sostuvo que el modelo lineal de producción ha generado más de 300 millones de toneladas de residuos industriales anuales, de los cuales apenas se recicla el 12%. En contraste, solo el 18% de las materias primas utilizadas por la industria química proviene de fuentes renovables o recicladas, lo que deja claro que el cambio hacia la circularidad avanza lentamente.
“El reciclaje no puede ser el único enfoque. Hay que rediseñar productos, fomentar su reutilización y cambiar los modelos de negocio”, explicó José Carmelo Zavala, director del CIGAMX. Añadió que la circularidad debe comenzar desde la concepción del producto para evitar que se convierta rápidamente en desecho.
Actualmente, solo el 5% de las empresas del sector participa en programas de economía circular impulsados por el gobierno. La falta de incentivos fiscales, la escasa inversión en química verde y la ausencia de esquemas de simbiosis industrial frenan el avance. A pesar de que el 60% de las plantas reportan mejoras en ecoeficiencia, apenas un 10% ha implementado procesos con diseño molecular para reducir toxicidad y residuos.

El T-MEC ofrece una oportunidad: si se aplican sus capítulos ambientales, la inversión en tecnologías limpias podría incrementarse en un 15% en cinco años. Aun así, según el Mtro. Flores, menos del 20% de la producción química mexicana cumple hoy con criterios reales de circularidad.
México cuenta con un mercado interno fuerte y con actores industriales cada vez más comprometidos: el 35% ya adopta prácticas sostenibles. Sin embargo, el camino hacia una industria química verdaderamente circular aún está marcado por profundas brechas tecnológicas, culturales y regulatorias.



